Por: José Alberto Llavot, Gerente de Preventa y Desarrollador de Negocios en Schneider Electric para México y Centroamérica.
El avance acelerado de la inteligencia artificial (IA) está redefiniendo el papel de la infraestructura digital a nivel global. Más allá del crecimiento del cómputo, el desafío actual radica en sostener entornos de alta densidad energética, con requerimientos térmicos y eléctricos cada vez más exigentes. En este contexto, la infraestructura deja de ser un componente de soporte para convertirse en un habilitador estratégico del desarrollo digital.
De acuerdo con la International Energy Agency (IEA), el consumo eléctrico de los centros de datos podría duplicarse hacia 2026, impulsado principalmente por cargas de trabajo asociadas a IA y servicios digitales. Este crecimiento plantea retos importantes en términos de capacidad energética, eficiencia y sostenibilidad.
La presión de la IA sobre la infraestructura
Las cargas de trabajo de IA están elevando significativamente la densidad de potencia en los centros de datos. Información técnica de Schneider Electric indica que los racks diseñados para aplicaciones de IA pueden superar los 100 kW, muy por encima de los rangos tradicionales de entre 5 y 15 kW por rack.
Este incremento obliga a replantear la arquitectura desde sus cimientos, considerando sistemas eléctricos capaces de gestionar cargas dinámicas, nuevas estrategias de enfriamiento y una mayor digitalización para el monitoreo en tiempo real.
En este entorno, la gestión del riesgo operativo adquiere una nueva dimensión. El análisis más reciente del Uptime Institute señala que, aunque la frecuencia de interrupciones ha disminuido en los últimos años, la complejidad de los entornos digitales ha incrementado la diversidad de causas. Los problemas relacionados con energía continúan siendo un factor crítico, pero se observa un crecimiento en incidentes asociados a TI, red, errores humanos y riesgos cibernéticos. A ello se suma un impacto económico significativo, con una proporción relevante de interrupciones que supera los 100 mil dólares por evento.
Oportunidades para el ecosistema digital
Este escenario abre una ventana relevante para distintos actores del ecosistema tecnológico, particularmente integradores, operadores y proveedores de infraestructura. La evolución hacia entornos de IA no solo demanda capacidad, también requiere especialización.
Entre las principales oportunidades destacan:
- Diseño de infraestructura preparada para alta densidad desde etapas tempranas
- Implementación de soluciones de monitoreo y gestión energética avanzada
- Integración de sistemas que combinen energía, enfriamiento y software en una misma capa operativa
- Desarrollo de capacidades técnicas en instalación, operación y mantenimiento de entornos críticos
Además, la creciente demanda de procesamiento local de datos en México está impulsando el desarrollo de infraestructura digital más robusta. Factores como la necesidad de reducir la latencia, cumplir con requerimientos regulatorios y garantizar la continuidad operativa están llevando a las organizaciones a fortalecer sus capacidades dentro del país. Este contexto incrementa la presión para desplegar centros de datos con altos estándares de disponibilidad, eficiencia energética y resiliencia, alineados con las exigencias de las cargas de trabajo de inteligencia artificial.
Brechas estructurales en mercados emergentes
A pesar de las oportunidades, existen brechas importantes que pueden limitar el desarrollo de la infraestructura para IA, especialmente en economías emergentes.
Entre los principales desafíos se encuentran:
- Disponibilidad y estabilidad del suministro eléctrico
- Limitaciones en infraestructura de transmisión y distribución
- Falta de talento especializado en operación de entornos de alta densidad
- Necesidad de marcos regulatorios que acompañen la expansión digital
La IEA ha advertido que el crecimiento de la demanda energética digital requerirá inversiones significativas en redes eléctricas, así como en soluciones que permitan mejorar la eficiencia y reducir la huella de carbono.
En este nuevo entorno, la infraestructura para IA debe concebirse como un sistema interdependiente donde energía, enfriamiento y software operan de forma coordinada. La digitalización juega un papel clave al permitir visibilidad, control y optimización en tiempo real, lo que se traduce en mayor resiliencia y eficiencia operativa.
Más que un reto tecnológico aislado, la infraestructura para IA representa un punto de convergencia entre innovación, sostenibilidad y competitividad. Su desarrollo determinará la capacidad de los países para integrarse a la economía digital y capitalizar el potencial de la inteligencia artificial en sectores productivos.






