Desde retailers que optimizan inventarios en tiempo real hasta operadores de telecomunicaciones que mejoran la experiencia del usuario en zonas remotas, el edge computing se está adoptando en diversos sectores de la región como un complemento a las infraestructuras centrales existentes. Esta evolución permite que parte del análisis y la toma de decisiones ocurra más cerca de las operaciones, mientras los grandes centros de datos continúan cumpliendo un rol clave en el procesamiento, almacenamiento y gestión de información a gran escala. En sectores donde la latencia es crítica para los resultados operativos, las empresas están incorporando capacidad de procesamiento en el borde mediante micro data centers modulares, fortaleciendo la resiliencia del ecosistema digital y optimizando costos sin reemplazar los modelos centralizados.
Procesar cerca, consumir menos: la sostenibilidad detrás del edge
Una de las claves del edge computing es su capacidad para reducir el volumen de datos que necesita viajar hasta los grandes centros de datos centrales. Al hacerlo, disminuye no solo la latencia, sino también el consumo energético asociado al transporte de datos y a los equipos de red que soportan estos enlaces largos.
Los centros de datos tradicionales requieren infraestructura de enfriamiento y redes de gran escala, necesarias para soportar altas densidades de carga y garantizar disponibilidad continua. Estas operaciones energéticas forman parte natural de entornos diseñados para procesar grandes volúmenes de información a nivel centralizado. Según estimaciones de la International Energy Agency (IEA), los centros de datos consumieron aproximadamente el 1 % de la electricidad mundial en 2022, con proyecciones al alza a medida que crece la demanda digital. En este contexto, estudios comparativos señalan que arquitecturas distribuidas, como las basadas en edge computing, cuando se integran dentro de estrategias híbridas, pueden contribuir a optimizar el consumo energético en determinados casos, con reducciones estimadas entre un 14 % y 25 %, al procesar localmente ciertos datos y complementar las cargas gestionadas en infraestructuras centrales.
La sostenibilidad no es un objetivo abstracto, sino un criterio de diseño desde el inicio de cada proyecto. Desde Schneider Electric, al implementar soluciones edge, se combinan capacidades modulares con plataformas de monitoreo inteligente que permiten gestionar el consumo energético en tiempo real. Esto ayuda a las organizaciones a reducir desperdicios, anticipar fallas y utilizar solo la energía necesaria para cada carga de trabajo.
Además, integrar infraestructura edge con fuentes renovables o microgrids locales potencia aún más este impacto, evitando el uso de energía de redes de alto carbono y favoreciendo modelos resilientes y eficientes. Así, el edge computing no solo mejora la experiencia del usuario, sino que permite que las decisiones de infraestructura se alineen con objetivos de sostenibilidad empresarial.
‘La transformación digital en Latinoamérica no puede entenderse sin una infraestructura que responda a los desafíos de latencia, eficiencia y sostenibilidad. El edge computing, cuando se implementa con criterios de diseño sostenible y eficiencia energética, permite a las empresas reducir su impacto ambiental sin sacrificar rendimiento. En Schneider Electric trabajamos para que estas soluciones generen valor real para nuestros clientes y para la región’, afirma José Luis Leyva, especialista en Edge Computing y Alianzas para Suramérica en Schneider Electric.
A medida que las empresas en la región avanzan en su adopción de inteligencia artificial, automatización y servicios en tiempo real, la infraestructura que soporta estos procesos debe estar diseñada no solo para ser rápida, sino también responsable. El edge computing emerge como una estrategia que combina eficiencia operativa con beneficios ambientales tangibles, proporcionando una ruta hacia una digitalización más sostenible y competitiva.





