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Una década de la nube en América Latina: así transformó al sector publico

Por Andrés Tahta, director regional de AWS para Sector Público en América Latina y Caribe

En los años 2010 fuimos testigos de sucesos que cambiaron la historia para siempre. Por nombrar solo tres, podemos destacar el aumento del calentamiento global, los avances en los derechos de las mujeres y la elección de Francisco como el primer Papa americano. En cuanto a innovación, se masificaron las redes sociales, los teléfonos inteligentes y las plataformas de streaming; entre muchas otras tecnologías que hoy damos por sentado en nuestra rutina cotidiana.

Otro hecho relevante fue la llegada de la nube a América Latina. En 2011, Amazon Web Services (AWS) lanzó su primera región de cloud en Sudamérica en la ciudad de San Pablo (Brasil) y desde entonces se digitalizaron muchos servicios para los ciudadanos. Tal es así que hoy, en Chile, puedes pagar una multa de tráfico con tarjeta de crédito mientras revisas tus gastos semanales y en Colombia, tienes la posibilidad de registrar a tu empresa en un portal Web cuando se te apetece.

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En su concepción más básica, la nube es una red enorme de servidores remotos en todo el mundo que están conectados para funcionar como un único ecosistema. Ofrece capacidad de cómputo y de almacenamiento a costo al por mayor, cobrando solo lo que se utiliza. Es el equivalente a la electricidad en una economía digital. Nos permite acceder a videos en Netflix sin tener que bajarlos a nuestra computadora y fue la que posibilitó el intercambio de datos genómicos entre científicos en diferentes países para buscar una vacuna para el COVID19.

La nube también es crucial para el funcionamiento de un gobierno moderno. Pensemos, por ejemplo, en el caso de elecciones: uno o dos días cada cuatro años en los que un país entero entra a la página de la entidad electoral para ver quién será su próximo presidente. Para poder atender a esta enorme demanda de millones de personas en el mismo sitio web, la entidad de gobierno debe tener una cantidad masiva de servidores y mantenerlos con estándares de seguridad altísimos durante cuatro años; es decir, gastar millones de dólares por mucho tiempo solo para tener disponibilidad durante dos días. La alternativa es la nube ya que permite aumentar la capacidad de cómputo cuando se dan los resultados electorales y reducirla hasta la próxima elección.

A su vez, la nube ha ayudado a optimizar el funcionamiento de las instituciones sanitarias, incluso antes de la pandemia. En 2018, por ejemplo, el Hospital Italiano de Buenos Aires puso en marcha su programa de Inteligencia en Salud (pIASHIBA) para desarrollar e integrar herramientas de Inteligencia Artificial en los procesos de atención médica. Anualmente, la institución atiende más de 2.800.000 consultas, gestiona 46.500 egresos y realiza 52.000 procedimientos quirúrgicos en sus 41 quirófanos. Al utilizar diversas herramientas de cloud, el equipo médico logró procesar el gran volumen de información que exigían las estaciones de trabajo, desde la nube y con capacidades mejoradas.

Mayor productividad, menos demoras y más eficiencia: las ventajas que representó la nube durante su primera década en América Latina son enormes. Los gobiernos que la adoptan están brindando mejores servicios a sus ciudadanos por menos precio y eso es un gran motivo de celebración. No tengo dudas de que los avances que veremos en los próximos diez años serán inimaginables.  

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